NUESTROS PRODUCTOS CUIDAN DE TI Y DE LA NATURALEZA

Una mirada al desarrollo sostenible

El aceite de melón del Kalahari se adquiere de una cooperativa de Namibia, donde trabajan unas 3.000 personas, el 95% son mujeres procedentes de una región muy pobre del norte del país. Con el apoyo a esa producción local contribuimos a mejorar sus condiciones de vida.

La planta Inca Inchi procede de Perú, en un programa para el desarrollo. Por un lado, al comprar el aceite con un precio mínimo a sus agricultores se garantiza unos ingresos estables que se dedican a construcción y mantenimiento de escuelas, y vías de comunicación.

Además esta planta originaria de la zona, con fines alimentarios y medicinales está incluida en los planes gubernamentales de reforestación de la Amazonia.

El Babasú es una planta que se adquiere en ciertos estados de Brasil que están amparados por una ley estatal que les permite cultivarlo libremente para alimentar a las familias y así contribuir a la economía de la comunidad. Hay 600.000 mujeres, agrupadas en diferentes asociaciones, dedicadas a su cultivo y recolección.

Esta ley pretende preservar el árbol de Babasú, oriundo del lugar, impedir la deforestación, la utilización de pesticidas y cualquier otro tipo de explotaciones agrícolas nefastas para el país y el medio ambiente.

El Calophyle es una planta silvestre del este de Madagascar, donde se empezó a comprar a campesinos locales a través de un sistema de cooperativas a las que ellos llevan la planta a cambio de un salario. Este sistema se introdujo para crear una actividad económica regulada y educar a la población en una recolección responsable y respetuosa con la naturaleza para evitar el expolio y preservar especies que configuran el entorno natural de la región.

El aceite de palma. La creciente necesidad de aceites alimentarios en el mundo ha dado lugar a una agricultura de esta planta devastadora que contribuye a la deforestación. Aunque la parte utilizada en cosmética es pequeña (alrededor de un 10%) frente al resto, usado en la industria alimentaria y de biodiesel, a nuestra pequeña escala compramos para nuestras ceras emulsionantes a un laboratorio adscrito al RSPO (roundable on sustainable Palm oil), Comité constituido para vigilar el desarrollo sostenible del aceite de palma.

Las industrias que se adhieren a él se esfuerzan en llevar a cabo una reflexión común con el objetivo de exigir buenas prácticas de explotación en las plantaciones ya existentes, mejorar los planes de utilización del suelo para las nuevas superficies de plantación y favorecer la transparencia del proceso productivo.

Otra de nuestras ceras emulsionantes se fabrica a partir de la cáscara de trigo, parte no utilizable en alimentación, lo que permite el aprovechamiento completo de esta planta. La parte grasa que se emplea para producir esta cera proviene del aceite de coco. En la fabricación de este emulsionante no se usa ningún tóxico y además el resultado es cien por cien biodegradable.

Y así toda una serie de materias primas catalogadas como “bio” que garantizan mediante certificados, el cultivo racional, el respeto por el medio ambiente y unas condiciones dignas a sus cultivadores.

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